Una larga fila de habitaciones, al traspaso del umbral que une a la calle, nos introduce en un mundo que la vida repite, como si el tiempo no se hubiese detenido; ayer, ahora y de siempre, las pensiones o cité universitarias, procrean y dan vida a experiencias inolvidables. Con características de Hogar de Cristo Mejorados – y donde sustancialmente se paga muchísimo más -, el cité universitario durante el día es un transitar humano, con dispares personajes, de ambos sexos, que siempre son aportativos a la fauna propia de las Casas de Estudios Superiores. Sin embargo, al comenzar a caer la noche, entre las tinieblas mejor dicho, empezaran a aparecer las recónditas vicisitudes que nos ofrece la pasión, lujuria, desenfreno de la distancia y la soledad; como una suerte de ramo electivo, que incorpora el submundo de la “escualida” vida universitaria. Delgadas paredes, dan paso al desatado espectáculo gutural, disponible para espantar al más sano auditor y que tiene como única opción, escuchar y sentir que el amor lesbico puede ser despiadado y brutal o que la estrepitosa caída del somier, es reparable, sin embargo, sino se quiere dormir en el suelo, no se deberá mover ni un solo pelo. Así, la conclusión lleva a sugerir que el “desastre” nocturno, para unos, y la” Happy Night” para otros, auna y todos quieren una larga revancha con la camita, aun pasando hasta la media mañana. Aunque faltara una lección más, en definitiva el celular debe ser incorporado en la norma legal que contempla sanciones a los ruidos molestos, sobre todo, si afecta a las mismas que no tuvieron compasión con los mortales que, por a, be o ce, se reencontraron con el viejo recuerdo de un cité universitario. Simpático, una vuelta en gloria y majestad a los veinte abriles, que “un cazador de mitos” ya aseguro que la letra de una canción, es falsa; en una pensión universitaria, es perfectamente posible volver a los 20. Región Coquimbo On Line en alianza con www.latercera.com | |